Es una magnitud física que indica la masa de una sustancia dividido por cantidad de sustancia. En las fórmulas químicas se expresa con M (una letra "m" mayúscula).
La unidad base de la masa molar en el Sistema Internacional es el Kg/mol, aunque normalmente se utiliza g/mol.
Podemos calcular la masa molar de un elemento químico cualquiera multiplicando el valor de masa atómica del elemento por la constante de masa molar.
La constante de masa molar es M u = 1×10−3 kg/mol = 1 g/mol. Recordatorio: la masa atómica son números puros sin unidad, al multiplicar el peso atómico por la constante molar estamos realizando un truco/conversión para pasar de peso atómico (adimensional) a unidades con las que estamos habituados a trabajar.
Ahora ya podríamos saber el peso de una sustancia expresada en moles.
También podríamos averiguar la cantidad de partículas existentes en una masa de una sustancia en concreto conociendo la masa molar de esta sustancia y haciendo uso del número de Avogadro. En el siguiente ejemplo vamos a calcular el número de partículas en 80 gramos de hierro:
Lo primero es conocer la masa molar del hierro:
M(Fe) = 55,845 × 1 g/mol = 55,845 g/mol
El número de partículas es el resultado de aplicar factores de conversión para pasar de gramos a moles y de moles a partículas:
80 g × ( 1 mol / 55,845 g) × ( 6,022×1023 partículas / 1 mol)
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miércoles, 27 de agosto de 2014
¿Qué es un mol?
Un mol es la unidad base de cantidad de sustancia en el Sistema Internacional.
Es la cantidad de partículas existentes en 12 gramos de carbono-12. Su valor es igual al número de Avogadro. De tal forma que si decimos que tenemos 1 mol de una sustancia cualquiera estamos diciendo que tenemos 6,02214129 por 10 elevado a 23 partículas de esa sustancia.
Es la cantidad de partículas existentes en 12 gramos de carbono-12. Su valor es igual al número de Avogadro. De tal forma que si decimos que tenemos 1 mol de una sustancia cualquiera estamos diciendo que tenemos 6,02214129 por 10 elevado a 23 partículas de esa sustancia.
¿Qué es el número de Avogadro?
El número de Avogadro es igual a 6,02214129×1023. En ocasiones para simplificar se utiliza 6,022×1023.
Este valor es el número de partículas existentes en 12 gramos de carbono-12. Esta cantidad de partículas es las que contiene un mol de cualquier sustancia.
El nombre de este número es en honor de Amadeo Avogadro (1776-1859) quién formuló una ley donde afirma: "en condiciones iguales de temperatura y presión, volúmenes idénticos de distintos gases poseen el mismo número de partículas".
Este valor es el número de partículas existentes en 12 gramos de carbono-12. Esta cantidad de partículas es las que contiene un mol de cualquier sustancia.
El nombre de este número es en honor de Amadeo Avogadro (1776-1859) quién formuló una ley donde afirma: "en condiciones iguales de temperatura y presión, volúmenes idénticos de distintos gases poseen el mismo número de partículas".
domingo, 15 de diciembre de 2013
¿Por qué los trópicos de Cancer y Capricornio están donde están? ¿Qué indican? ¿Cuales son las latitudes de los trópicos?
Los trópicos de Cáncer y Capricornio son dos paralelos, es decir, son líneas paralelas al Ecuador terrestre. El trópico de Cáncer está en el hemisferio Norte y el trópico de Capricornio está en el hemisferio Sur.
Los trópicos se encuentran en la línea de latitud donde el sol alcanza la total vertical con respecto a la tierra (los rayos del sol caen totalmente verticales sobre el suelo) en el solsticio de junio en el hemisferio Norte y en el solsticio de diciembre en el hemisferio Sur.
Reciben estos nombres porque en la antigüedad cuando se producía el solsticio de junio en el hemisferio Norte el Sol estaba en la constelación de cáncer, aunque en la actualidad está en la constelación de géminis muy cerca del borde con la de Tauro. Durante el solsticio de diciembre en el sol en el hemisferio Sur el sol estaba en la constelación de Capricornio en la antigüedad aunque ahora está en la de Sagitario.
Podemos afirmar que en el año 2010 el trópico de Cáncer estaba en la latitud 23º 26′ 16″ N y el trópico de Capricornio estaba en la 23º 26′ 16″ S. Pero debido al movimiento de nutación de la Tierra y en menor medida también al de precesión la latitud de los trópicos varía, aunque siempre oscilando en una franja de unos 700 metros.
La zona comprendida entre los dos trópicos es conocida como zona intertropical (también puede ser llamada zona tórrida o tropical). En el mapa mundi debajo de estas líneas es la franja sombreada en rojo.
Los trópicos se encuentran en la línea de latitud donde el sol alcanza la total vertical con respecto a la tierra (los rayos del sol caen totalmente verticales sobre el suelo) en el solsticio de junio en el hemisferio Norte y en el solsticio de diciembre en el hemisferio Sur.
Reciben estos nombres porque en la antigüedad cuando se producía el solsticio de junio en el hemisferio Norte el Sol estaba en la constelación de cáncer, aunque en la actualidad está en la constelación de géminis muy cerca del borde con la de Tauro. Durante el solsticio de diciembre en el sol en el hemisferio Sur el sol estaba en la constelación de Capricornio en la antigüedad aunque ahora está en la de Sagitario.
Podemos afirmar que en el año 2010 el trópico de Cáncer estaba en la latitud 23º 26′ 16″ N y el trópico de Capricornio estaba en la 23º 26′ 16″ S. Pero debido al movimiento de nutación de la Tierra y en menor medida también al de precesión la latitud de los trópicos varía, aunque siempre oscilando en una franja de unos 700 metros.
La zona comprendida entre los dos trópicos es conocida como zona intertropical (también puede ser llamada zona tórrida o tropical). En el mapa mundi debajo de estas líneas es la franja sombreada en rojo.
¿Qué es el plano de la eclíptica? ¿Qué es el movimiento de precesión de la Tierra? ¿Qué es el movimiento de nutación de la Tierra?
Es el plano horizontal en el cual se produce el movimiento de traslación de la tierra alrededor del sol.
El eje de rotación de la tierra no es perpendicular a este plano, está inclinado unos 23º 27'. Pero la orientación del eje de rotación no es fija, varía cíclicamente con un periodo de 25.767 años. Este movimiento se denomina precesión de los equinoccios. Este movimiento consiste en un giro del eje de rotación de la tierra en torno a un eje perpendicular al plano de la eclíptica.
Pero este movimiento de precesión no es regular, mientras lo realiza el eje de rotación de la tierra va realizando una trayectoria ondulada, este otro movimiento es llamado movimiento de nutación; tiene un ciclo de 18,6 años.
Pero este movimiento de precesión no es regular, mientras lo realiza el eje de rotación de la tierra va realizando una trayectoria ondulada, este otro movimiento es llamado movimiento de nutación; tiene un ciclo de 18,6 años.
lunes, 27 de agosto de 2012
¿Estamos en una época de grandes avances?
Mi opinión personal es un NO.
Perfeccionamos avances ya existentes pero estamos retrocediendo en aspectos como contaminación y alimentación. Y pienso que también en el área de las medicinas, aparecen medicamentos para convertir enfermedades en crónicas pero no para erradicarlas y cada vez necesitamos antibióticos más potentes. Pienso que la esperanza de vida se reducirá para todos los nacidos a partir de 1980.
Creo que el único gran avance en los últimos cincuenta años ha sido la informática.
El consumismo implantado por el sistema y las élites gobernantes son los grandes causantes. Los grandes cambios podrían hacer que estas élites perdiesen su lugar de privilegio.
En la sociedad reina la desidia y el menoscabo del esfuerzo y del sacrificio. La cloaca en que se han convertido la programación de alguna cadena televisiva como Telecinco en España o la MTV a nivel internacional es una muestra de la poca actitud (con C) de la sociedad para adquirir conocimiento y pensamiento propio.
Con la muerte de Neil Amstrong he leido dos editoriales que reafirman mi pensamiento del estancamiento del desarrollo científico teórico y sus aplicaciones prácticas. Muy ilustrativa es la comparación que hace Pablo Pardo entre el descubrimiento de América y la llegada del hombre a la Luna ¿Te puedes imaginar que en 1535 solo hubiesen llegado 12 personas a América?...
¿Se ha muerto el progreso con Neil Amstrong?, de Pablo Pardo
En 1968, Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick situaron su Odisea Espacial en 2001. Once años después de esa fecha, la película sigue siendo tan ciencia-ficción como entonces. Los robots no piensan, y de hecho son poco menos que brazos mecánicos. La exploración espacial yace el sueño de los justos. Las teorías del ‘poder aeroespacial’ que sobreexcitaron la imaginación de los estrategas militares en los setenta son, a día de hoy, teorías ridículas.
Neil Armstrong, que acaba de fallecer, sigue siendo uno de los 12 hombres que han puesto el pie fuera de la Tierra. El 12 de diciembre se cumplirán 40 años desde que el último ser humano pisó la Luna.
En 2012 los coches no vuelan. La fusión nuclear está tan lejos como en 1968. No existe una vacuna contra la malaria. Las tasas de mortalidad se han reducido, pero la palabra ‘cáncer’ sigue siendo considerada casi equivalente a ‘condena a muerte’, pese a los innegables avances en la lucha contra esa enfermedad (avances que frecuentemente tienen que ver mucho con el diagnóstico temprano).
Las enfermedades coronarias siguen matándonos. Oscar Pistorius es apodado ‘Blade Runner’, pero la película de Ridley Scott se desarrolla en 2019, y no parece que por Los Ángeles vayan a circular replicantes dentro de siete años (el libro en el que se basa el filme, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, centra la acción en el 3 de enero de 1992, cuando en España el mayor avance tecnológico era la inmediata llegada del AVE y en Los Ángeles los problemas venían de la violencia racial entre negros, coreanos, hispanos y blancos, no entre seres humanos y androides escapados de Marte).
El 87% de la energía del mundo viene de combustibles fósiles, cuyas técnicas de extracción no han cambiado de forma dramática. A pesar de lo que hablamos de ellas en los medios de comunicación, las renovables apenas suponen un 1,32% de la energía mundial.
Los Boeing 747 que empezaron a volar el 9 de febrero de 1969 (cuando Armstrong no había llegado a la Luna) siguen en activo. Se ha extendido la inseminación artificial, pero los niños se hacen como siempre, no en probetas. Hemos desentrañado el genoma, pero seguimos sin saber las claves de muchas enfermedades.
Y, encima, como hemos podido ver hoy, pronto todos los hombres que estuvieron en la Luna se habrán muerto. ¿Se imagina alguien que sólo 12 personas hubieran llegado a América en 1492 y para 1535 se estuvieran muriendo?
Estos casos parecen ratificar la tesis del economista de la Universidad George Mason, Tyler Cowen, de que el progreso tecnológico se ha frenado desde la década de los sesenta. Cowen, en realidad, es un gastrónomo formidable, a quien el autor de estas líneas debe el descubrimiento del mejor restaurante tailandés de Washington, pero también es un economista tremendamente respetado (y, al contrario que Krugman, sin necesidad de ir buscando pelea): es columnista de ‘The New York Times’, tiene el blog más influyente entre sus colegas en todo el mundo, Marginal Revolution, y ha escrito el best-seller The Great Stagnation (El Gran Estancamiento).
¿Viviendo en los cincuenta?
A Cowen le gusta pedir que veamos una película de los cincuenta y comparemos lo que se ve allí con el mundo real. La mayor parte de lo que vemos sigue existiendo hoy. Mejorado, es cierto, pero igual. Los retretes (no sé por qué Cowen siempre acaba hablando de ellos) son iguales. Las cocinas, casi iguales. Los coches, muy parecidos. La televisión, casi igual (sólo que sin pantalla plana). Es cierto que ha habido avances cuantitativos en todas esas áreas, pero ha habido muy pocos cualitativos. Esencialmente, según Cowen, seguimos viviendo en los años cincuenta, que es cuando se generalizaron una serie de inventos desarrollados a principios de siglo y puestos en producción masiva durante la Gran Depresión de los años treinta. El avance de las tecnologías de la información y las comunicaciones (ordenadores, teléfonos e Internet) es, para Cowen, la única excepción a esa regla. Acaso las nuevas técnicas de extracción de petróleo y gas natural (el ‘fracking’, o ‘fracturación hidráulica’), junto con las renovables, también cambien, en unos años, el panorama energético del mundo, aunque por ahora solo son una promesa.
¿A qué se debe esa situación? Según Cowen, a varios factores pero, entre otros, a la menor popularidad de carreras de ingeniería, que tradicionalmente han jugado un papel central en el desarrollo tecnológico. Hoy, quien quiere ganar dinero se hace abogado o médico (al menos, en EEUU) y, si alguien es bueno con los números, se va a Wall Street a diseñar productos financieros (los bancos de inversión arramblaron con muchos astrónomos de la NASA a principios de la pasada década para que crearan los títulos basados en ‘hipotecas basura’). Sin embargo, esa explicación no parece demasiado sólida.
Según este estudio de la Universidad de Georgetown, es cierto que un ingeniero o cualquier licenciado con conocimientos de álgebra tiene una tasa de paro inferior en un 66% a la de la media, pero no lo es menos que apenas el 4,8% de los trabajadores estadounidenses tienen empleos en el campo STEM (las siglas en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), y que para 2018 esa cifra apenas habrá subido al 4,9%.
Sea por la razón que sea, un mundo con menos avances tecnológicos es un mundo más complicado. No es casualidad que el final de lo que Cowen considera la última oleada de progreso, a finales de los sesenta, coincidiera con la aparición de la inflación, agravada por las crisis del petróleo. Si no hay avances tecnológicos, la productividad aumenta menos. Y, por tanto, los salarios deben crecer menos. De lo contrario, hay inflación y se pierde competitividad (el mejor ejemplo es España, donde nos hemos especializado en un sector de baja productividad, como es el inmobiliario, porque las casas, siguiendo a este economista, se hacen de forma similar a hace 40 años; pero, al tener nuestros salarios fijados a la inflación, en la práctica nuestra productividad disminuyó).
Así, no es de extrañar que, en 2010, James Cameron situara Avatar en el año 2154. Donde Kubrick nos daba menos medio siglo para descubrir los orígenes del Universo, ahora Hollywood nos daba más de 150 años para empezar a explorar otros mundos...
Neil Amstrong y el progreso, de Antonio Ruiz de Elvira
Todos los años, allá por navidades, me pide 'El Cultural' una lista de los avances científicos del año. Me siento siempre incapaz de realizarla, porque desde hace años no hay avances científicos, ni siquiera el bosón de Higgs, que es una partícula propuesta en los años 60.
Ha muerto Neil Armstrong y Pablo Pardo, desde Washington, hace un análisis agudo sobre el parón del progreso, científico y tecnológico. Olvida el tremendo parón de la ciencia económica y el retroceso social, del cual no hay mejor testigo que esta noticia
Pablo Pardo intenta encontrar una serie de razones para el parón del progreso. La mejor razón la dio el magnífico físico Edwin Jaynes, experto en Mecánica Estadística, que es la teoría que estudia como se comporta un conjunto de individuos promediando los comportamientos de cada uno de ellos.
Estudiando la evolución de la física, detectó unos cuasi-ciclos de entre 50 y 70 años. Los ciclos son fáciles de entender. Al final de uno de ellos, las teorías al uso se demuestran evidentemente falsas. Han sido desarrolladas en función de una información antigua que las propias teorías han ido cambiando.
En 1600 todas las informaciones indicaban que era la Tierra la que giraba en torno al sol y no a la inversa. Pero el gran bwana de la astronomía, Tycho Brahe, y los guardianes de la ortodoxia, los jesuitas de Roma, rechazaban de plano esa realidad. Sus teorías eran correctas a la vista de los datos de los siglos medievales, pero evidentemente incorrectas en cuanto uno miraba el cielo con un telescopio. Tycho Brahe murió en 1601, y una puerta se abrió a una nueva visión del universo.
En 1670 Newton tenía preparada ya su teoría de la gravitación, y no la pudo publicar hasta 1684, sus colegas rechazaban la teoría.
La hipótesis del calórico pudo ser rechazada en 1780. Las ecuaciones de Maxwell se propusieron en 1861, y la solución al problema del éter tardó 45 años hasta la teoría de la relatividad de Einstein. Las ideas sobre la constitución cuántica de la materia fueron propuestas por Bolzmann en el 1871, y no se aceptaron realmente hasta 1930.
Los cuasi-ciclos derivan de una estructura social muy clara: Los nuevos descubrimientos fuerzan un replanteo de las teorías que explican el mundo. Pero los grandes científicos de épocas pasadas anulan, desde posiciones de poder, y para mantener sus ideas, cualquier cambio de mentalidad. Cuando mueren, se abre una vía para las ideas 'revolucionarias' que disfrutan de avances rapidísimos durante unos 25 años (la vida útil de los innovadores). Tras ellos vienen sus discípulos, que no innovan, pero desarrollan detalles de lo que sus maestros inventaron. 50 años después de las revoluciones los que ocupan los puestos de poder (científico, tecnológico, económico) son reaccionarios. Son personas que carecen de visión pero dominan las cátedras, los comités editoriales, los bancos y los puestos políticos. Cómo se dedican a proteger unas teorías inmóviles que les dan el poder, anulan, incluso violentamente, cualquier innovación. Durante 50 años (25 + 25) el progreso es lento o imposible.
El último avance de verdad en la física se hizo entre 1920 y 1930, con un pico en 1926 cuando Schroedinger publicó sus ecuaciones.
Antes de 1920 las generaciones eran de unos 20/25 años. Hoy son de 30/35. Una generación de innovadores, otra de desarrolladores, y una tercera de bloqueadores a la manera de Brahe y el jesuita cardenal Belarmino, dan entre 90 y 105 años . 1926 + 90 años = 2016. 1926 + 105 años = 2031.
Entre estas dos últimas fechas, 2016 y 2031 es altamente probable que se produzcan avances en todos los campos, estimulados por innovaciones en la física que tendrán que ver con el rechazo de la linealidad, de los sistemas simples y el desarrollo de las teorías de sistemas altamente complejos, no lineales y con propiedades emergentes.
Los síntomas de la crisis son claros, como los señala con detalle Pablo Pardo. Los proyectos científicos y tecnológicos que se conceden solo aceptan ligerísimos desarrollos en lo que ya se conoce. Los evaluadores indican a los investigadores que rechacen buscar nuevas ideas y se concentren en pequeños rincones de las antiguas para desarrollarlas de maneras distintas, en una escolástica que recuerda a Salamanca y Bolonia. Se sigue, cansinamente, tratando de validar el 'modelo estándar', que data de los años 1960. Aceptemos que es válido y pasemos a otra cosa, el modelo es realmente antiguo y no nos dice nada nuevo sobre la naturaleza. En otro campo, se trata de explicar las discrepancias entre lo que se calcula y lo que se mide en el espacio mediante ecuaciones de hace 100 años. Y así, en casi todos los demás campos. No hay innovación, y la que se propone se mata de raíz.
Pero no solo en el progreso de las ciencias y la técnica. La idea decimonónica de la democracia anglosajona ha fracasado hoy. Los representantes en los congresos de los países no representan a los electores, sino a sus propios partidos (España) o a los millonarios que les pagan la elección (EEUU).
Y ¿Qué podemos decir de los modelos económicos? Obsoletos, contrarios a la realidad, erróneos. Los modelos económicos, que ni han predicho la crisis ni saben sacarnos de ella, son como la teoría geocéntrica de Tycho Brahe. Cuando he tratado de estimular debates sobre los mismos me he encontrado ante barreras como el Muro de Berlín. Ni conferencias en las facultades de económicas, ni simposia en las fundaciones bancarias, ni cursos de verano. Un foso de cocodrilos impide cualquier evaluación de esos modelos, que como los de Brahe, ''¡son correctos y ya está bien!"
Necesitamos revoluciones, incruentas, en casi todos los campos de nuestras actuaciones vitales. La sociedad está estancada, y como las aguas estancadas, empieza a oler ya bastante mal.
Perfeccionamos avances ya existentes pero estamos retrocediendo en aspectos como contaminación y alimentación. Y pienso que también en el área de las medicinas, aparecen medicamentos para convertir enfermedades en crónicas pero no para erradicarlas y cada vez necesitamos antibióticos más potentes. Pienso que la esperanza de vida se reducirá para todos los nacidos a partir de 1980.
Creo que el único gran avance en los últimos cincuenta años ha sido la informática.
El consumismo implantado por el sistema y las élites gobernantes son los grandes causantes. Los grandes cambios podrían hacer que estas élites perdiesen su lugar de privilegio.
En la sociedad reina la desidia y el menoscabo del esfuerzo y del sacrificio. La cloaca en que se han convertido la programación de alguna cadena televisiva como Telecinco en España o la MTV a nivel internacional es una muestra de la poca actitud (con C) de la sociedad para adquirir conocimiento y pensamiento propio.
Con la muerte de Neil Amstrong he leido dos editoriales que reafirman mi pensamiento del estancamiento del desarrollo científico teórico y sus aplicaciones prácticas. Muy ilustrativa es la comparación que hace Pablo Pardo entre el descubrimiento de América y la llegada del hombre a la Luna ¿Te puedes imaginar que en 1535 solo hubiesen llegado 12 personas a América?...
¿Se ha muerto el progreso con Neil Amstrong?, de Pablo Pardo
En 1968, Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick situaron su Odisea Espacial en 2001. Once años después de esa fecha, la película sigue siendo tan ciencia-ficción como entonces. Los robots no piensan, y de hecho son poco menos que brazos mecánicos. La exploración espacial yace el sueño de los justos. Las teorías del ‘poder aeroespacial’ que sobreexcitaron la imaginación de los estrategas militares en los setenta son, a día de hoy, teorías ridículas.
Neil Armstrong, que acaba de fallecer, sigue siendo uno de los 12 hombres que han puesto el pie fuera de la Tierra. El 12 de diciembre se cumplirán 40 años desde que el último ser humano pisó la Luna.
En 2012 los coches no vuelan. La fusión nuclear está tan lejos como en 1968. No existe una vacuna contra la malaria. Las tasas de mortalidad se han reducido, pero la palabra ‘cáncer’ sigue siendo considerada casi equivalente a ‘condena a muerte’, pese a los innegables avances en la lucha contra esa enfermedad (avances que frecuentemente tienen que ver mucho con el diagnóstico temprano).
Las enfermedades coronarias siguen matándonos. Oscar Pistorius es apodado ‘Blade Runner’, pero la película de Ridley Scott se desarrolla en 2019, y no parece que por Los Ángeles vayan a circular replicantes dentro de siete años (el libro en el que se basa el filme, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, centra la acción en el 3 de enero de 1992, cuando en España el mayor avance tecnológico era la inmediata llegada del AVE y en Los Ángeles los problemas venían de la violencia racial entre negros, coreanos, hispanos y blancos, no entre seres humanos y androides escapados de Marte).
El 87% de la energía del mundo viene de combustibles fósiles, cuyas técnicas de extracción no han cambiado de forma dramática. A pesar de lo que hablamos de ellas en los medios de comunicación, las renovables apenas suponen un 1,32% de la energía mundial.
Los Boeing 747 que empezaron a volar el 9 de febrero de 1969 (cuando Armstrong no había llegado a la Luna) siguen en activo. Se ha extendido la inseminación artificial, pero los niños se hacen como siempre, no en probetas. Hemos desentrañado el genoma, pero seguimos sin saber las claves de muchas enfermedades.
Y, encima, como hemos podido ver hoy, pronto todos los hombres que estuvieron en la Luna se habrán muerto. ¿Se imagina alguien que sólo 12 personas hubieran llegado a América en 1492 y para 1535 se estuvieran muriendo?
Estos casos parecen ratificar la tesis del economista de la Universidad George Mason, Tyler Cowen, de que el progreso tecnológico se ha frenado desde la década de los sesenta. Cowen, en realidad, es un gastrónomo formidable, a quien el autor de estas líneas debe el descubrimiento del mejor restaurante tailandés de Washington, pero también es un economista tremendamente respetado (y, al contrario que Krugman, sin necesidad de ir buscando pelea): es columnista de ‘The New York Times’, tiene el blog más influyente entre sus colegas en todo el mundo, Marginal Revolution, y ha escrito el best-seller The Great Stagnation (El Gran Estancamiento).
¿Viviendo en los cincuenta?
A Cowen le gusta pedir que veamos una película de los cincuenta y comparemos lo que se ve allí con el mundo real. La mayor parte de lo que vemos sigue existiendo hoy. Mejorado, es cierto, pero igual. Los retretes (no sé por qué Cowen siempre acaba hablando de ellos) son iguales. Las cocinas, casi iguales. Los coches, muy parecidos. La televisión, casi igual (sólo que sin pantalla plana). Es cierto que ha habido avances cuantitativos en todas esas áreas, pero ha habido muy pocos cualitativos. Esencialmente, según Cowen, seguimos viviendo en los años cincuenta, que es cuando se generalizaron una serie de inventos desarrollados a principios de siglo y puestos en producción masiva durante la Gran Depresión de los años treinta. El avance de las tecnologías de la información y las comunicaciones (ordenadores, teléfonos e Internet) es, para Cowen, la única excepción a esa regla. Acaso las nuevas técnicas de extracción de petróleo y gas natural (el ‘fracking’, o ‘fracturación hidráulica’), junto con las renovables, también cambien, en unos años, el panorama energético del mundo, aunque por ahora solo son una promesa.
¿A qué se debe esa situación? Según Cowen, a varios factores pero, entre otros, a la menor popularidad de carreras de ingeniería, que tradicionalmente han jugado un papel central en el desarrollo tecnológico. Hoy, quien quiere ganar dinero se hace abogado o médico (al menos, en EEUU) y, si alguien es bueno con los números, se va a Wall Street a diseñar productos financieros (los bancos de inversión arramblaron con muchos astrónomos de la NASA a principios de la pasada década para que crearan los títulos basados en ‘hipotecas basura’). Sin embargo, esa explicación no parece demasiado sólida.
Según este estudio de la Universidad de Georgetown, es cierto que un ingeniero o cualquier licenciado con conocimientos de álgebra tiene una tasa de paro inferior en un 66% a la de la media, pero no lo es menos que apenas el 4,8% de los trabajadores estadounidenses tienen empleos en el campo STEM (las siglas en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), y que para 2018 esa cifra apenas habrá subido al 4,9%.
Sea por la razón que sea, un mundo con menos avances tecnológicos es un mundo más complicado. No es casualidad que el final de lo que Cowen considera la última oleada de progreso, a finales de los sesenta, coincidiera con la aparición de la inflación, agravada por las crisis del petróleo. Si no hay avances tecnológicos, la productividad aumenta menos. Y, por tanto, los salarios deben crecer menos. De lo contrario, hay inflación y se pierde competitividad (el mejor ejemplo es España, donde nos hemos especializado en un sector de baja productividad, como es el inmobiliario, porque las casas, siguiendo a este economista, se hacen de forma similar a hace 40 años; pero, al tener nuestros salarios fijados a la inflación, en la práctica nuestra productividad disminuyó).
Así, no es de extrañar que, en 2010, James Cameron situara Avatar en el año 2154. Donde Kubrick nos daba menos medio siglo para descubrir los orígenes del Universo, ahora Hollywood nos daba más de 150 años para empezar a explorar otros mundos...
Neil Amstrong y el progreso, de Antonio Ruiz de Elvira
Todos los años, allá por navidades, me pide 'El Cultural' una lista de los avances científicos del año. Me siento siempre incapaz de realizarla, porque desde hace años no hay avances científicos, ni siquiera el bosón de Higgs, que es una partícula propuesta en los años 60.
Ha muerto Neil Armstrong y Pablo Pardo, desde Washington, hace un análisis agudo sobre el parón del progreso, científico y tecnológico. Olvida el tremendo parón de la ciencia económica y el retroceso social, del cual no hay mejor testigo que esta noticia
Pablo Pardo intenta encontrar una serie de razones para el parón del progreso. La mejor razón la dio el magnífico físico Edwin Jaynes, experto en Mecánica Estadística, que es la teoría que estudia como se comporta un conjunto de individuos promediando los comportamientos de cada uno de ellos.
Estudiando la evolución de la física, detectó unos cuasi-ciclos de entre 50 y 70 años. Los ciclos son fáciles de entender. Al final de uno de ellos, las teorías al uso se demuestran evidentemente falsas. Han sido desarrolladas en función de una información antigua que las propias teorías han ido cambiando.
En 1600 todas las informaciones indicaban que era la Tierra la que giraba en torno al sol y no a la inversa. Pero el gran bwana de la astronomía, Tycho Brahe, y los guardianes de la ortodoxia, los jesuitas de Roma, rechazaban de plano esa realidad. Sus teorías eran correctas a la vista de los datos de los siglos medievales, pero evidentemente incorrectas en cuanto uno miraba el cielo con un telescopio. Tycho Brahe murió en 1601, y una puerta se abrió a una nueva visión del universo.
En 1670 Newton tenía preparada ya su teoría de la gravitación, y no la pudo publicar hasta 1684, sus colegas rechazaban la teoría.
La hipótesis del calórico pudo ser rechazada en 1780. Las ecuaciones de Maxwell se propusieron en 1861, y la solución al problema del éter tardó 45 años hasta la teoría de la relatividad de Einstein. Las ideas sobre la constitución cuántica de la materia fueron propuestas por Bolzmann en el 1871, y no se aceptaron realmente hasta 1930.
Los cuasi-ciclos derivan de una estructura social muy clara: Los nuevos descubrimientos fuerzan un replanteo de las teorías que explican el mundo. Pero los grandes científicos de épocas pasadas anulan, desde posiciones de poder, y para mantener sus ideas, cualquier cambio de mentalidad. Cuando mueren, se abre una vía para las ideas 'revolucionarias' que disfrutan de avances rapidísimos durante unos 25 años (la vida útil de los innovadores). Tras ellos vienen sus discípulos, que no innovan, pero desarrollan detalles de lo que sus maestros inventaron. 50 años después de las revoluciones los que ocupan los puestos de poder (científico, tecnológico, económico) son reaccionarios. Son personas que carecen de visión pero dominan las cátedras, los comités editoriales, los bancos y los puestos políticos. Cómo se dedican a proteger unas teorías inmóviles que les dan el poder, anulan, incluso violentamente, cualquier innovación. Durante 50 años (25 + 25) el progreso es lento o imposible.
El último avance de verdad en la física se hizo entre 1920 y 1930, con un pico en 1926 cuando Schroedinger publicó sus ecuaciones.
Antes de 1920 las generaciones eran de unos 20/25 años. Hoy son de 30/35. Una generación de innovadores, otra de desarrolladores, y una tercera de bloqueadores a la manera de Brahe y el jesuita cardenal Belarmino, dan entre 90 y 105 años . 1926 + 90 años = 2016. 1926 + 105 años = 2031.
Entre estas dos últimas fechas, 2016 y 2031 es altamente probable que se produzcan avances en todos los campos, estimulados por innovaciones en la física que tendrán que ver con el rechazo de la linealidad, de los sistemas simples y el desarrollo de las teorías de sistemas altamente complejos, no lineales y con propiedades emergentes.
Los síntomas de la crisis son claros, como los señala con detalle Pablo Pardo. Los proyectos científicos y tecnológicos que se conceden solo aceptan ligerísimos desarrollos en lo que ya se conoce. Los evaluadores indican a los investigadores que rechacen buscar nuevas ideas y se concentren en pequeños rincones de las antiguas para desarrollarlas de maneras distintas, en una escolástica que recuerda a Salamanca y Bolonia. Se sigue, cansinamente, tratando de validar el 'modelo estándar', que data de los años 1960. Aceptemos que es válido y pasemos a otra cosa, el modelo es realmente antiguo y no nos dice nada nuevo sobre la naturaleza. En otro campo, se trata de explicar las discrepancias entre lo que se calcula y lo que se mide en el espacio mediante ecuaciones de hace 100 años. Y así, en casi todos los demás campos. No hay innovación, y la que se propone se mata de raíz.
Pero no solo en el progreso de las ciencias y la técnica. La idea decimonónica de la democracia anglosajona ha fracasado hoy. Los representantes en los congresos de los países no representan a los electores, sino a sus propios partidos (España) o a los millonarios que les pagan la elección (EEUU).
Y ¿Qué podemos decir de los modelos económicos? Obsoletos, contrarios a la realidad, erróneos. Los modelos económicos, que ni han predicho la crisis ni saben sacarnos de ella, son como la teoría geocéntrica de Tycho Brahe. Cuando he tratado de estimular debates sobre los mismos me he encontrado ante barreras como el Muro de Berlín. Ni conferencias en las facultades de económicas, ni simposia en las fundaciones bancarias, ni cursos de verano. Un foso de cocodrilos impide cualquier evaluación de esos modelos, que como los de Brahe, ''¡son correctos y ya está bien!"
Necesitamos revoluciones, incruentas, en casi todos los campos de nuestras actuaciones vitales. La sociedad está estancada, y como las aguas estancadas, empieza a oler ya bastante mal.
domingo, 17 de junio de 2012
¿Qué indica el número en las pistas de aterrizaje y despegue de los aeropuertos?
Indica la orientación de la pista con respecto al Polo Norte magnético de la Tierra. Las brújulas de navegación de los aviones dan el rumbo con respecto al Norte magnético, este es el motivo por el que debe figurar la orientación de la pista al Polo Norte magnético y no el geográfico.
Como el Polo está en constante movimiento, este número debe cambiarse con cierta periodicidad (cada x años, 4 ó 5) . Pero este movimiento se ha acelerado en la última década (2000-2009) y quizás se debiera aumentar la frecuencia.
Como el Polo está en constante movimiento, este número debe cambiarse con cierta periodicidad (cada x años, 4 ó 5) . Pero este movimiento se ha acelerado en la última década (2000-2009) y quizás se debiera aumentar la frecuencia.
¿Qué es la reversión del campo magnético de la Tierra?
El Polo Norte magnético está moviéndose continuamente unos pocos kilometros, pero se estima que cada 250.000 años se traslada al Polo geográfico opuesto. La última fue hace unos 780.000 años.
Durante este proceso de cambio el campo magnético de la tierra se debilita. También se creé que durante este proceso se llegan a a formar varios polos magnéticos que se van moviendo hasta que finalmente convergen y el nuevo Polo Norte resultado de la fusión se sitúa en el Polo geográfico volviendo a una situación de equilibrio.
Se desconocen a ciencia cierta los motivos de estos cambios.
Fuentes:
http://litalo.blogspot.es/1273349460/
http://www.blogodisea.com/2011/a-que-velocidad-se-desplaza-el-polo-norte-magnetico/preguntas-respuestas/
La tierra pierde el Norte, documental de la noche temática, en La2.
Durante este proceso de cambio el campo magnético de la tierra se debilita. También se creé que durante este proceso se llegan a a formar varios polos magnéticos que se van moviendo hasta que finalmente convergen y el nuevo Polo Norte resultado de la fusión se sitúa en el Polo geográfico volviendo a una situación de equilibrio.
Se desconocen a ciencia cierta los motivos de estos cambios.
Fuentes:
http://litalo.blogspot.es/1273349460/
http://www.blogodisea.com/2011/a-que-velocidad-se-desplaza-el-polo-norte-magnetico/preguntas-respuestas/
La tierra pierde el Norte, documental de la noche temática, en La2.
¿Cuánto se desplaza el Polo Norte magnético?
Hasta 1994 se desplazaba unos 10 Km anuales. En el 1994 se comprobó que este movimiento se había acelerado a unos 15 Km anuales, pero en el 2001 el desplazamiento fue de unos 50 Km. De seguir así en el 2040 habrá llegado a Siberia.
El primer cálculo de la posición real del Polo Norte magnético fue hecha por James Clark Ross, un oficial británico de la Royal Navy. En ese momento estaba en Canada.
Ahora (2012) la distancia entre el Polo Norte geográfico y magnético supera los 1.600 Km. La intensidad del campo magnético terrestre se ha reducido un 10% desde el siglo XIX.
En los últimos 40.000 años el polo ha llegado a situarse en el ecuador en varias ocasiones pero siempre volvió al Norte.
Cada 250.000 años hay una reversión del campo magnético de la Tierra, pasando el Polo Norte magnético al Sur geográfico. La próxima inversión llegará con retraso ya que la última inversión sucedió hace 780.000 años.
En el proceso de reversión la intensidad del campo magnético se va reduciendo y se forman varios polos y todos ellos se van moviendo hasta que convergen y volvemos a una situación de equilibrio
Fuentes de información:
http://litalo.blogspot.es/1273349460/
http://www.blogodisea.com/2011/a-que-velocidad-se-desplaza-el-polo-norte-magnetico/preguntas-respuestas/
La tierra pierde el Norte, documental de la noche temática, en La2.
El primer cálculo de la posición real del Polo Norte magnético fue hecha por James Clark Ross, un oficial británico de la Royal Navy. En ese momento estaba en Canada.
Ahora (2012) la distancia entre el Polo Norte geográfico y magnético supera los 1.600 Km. La intensidad del campo magnético terrestre se ha reducido un 10% desde el siglo XIX.
En los últimos 40.000 años el polo ha llegado a situarse en el ecuador en varias ocasiones pero siempre volvió al Norte.
Cada 250.000 años hay una reversión del campo magnético de la Tierra, pasando el Polo Norte magnético al Sur geográfico. La próxima inversión llegará con retraso ya que la última inversión sucedió hace 780.000 años.
En el proceso de reversión la intensidad del campo magnético se va reduciendo y se forman varios polos y todos ellos se van moviendo hasta que convergen y volvemos a una situación de equilibrio
Fuentes de información:
http://litalo.blogspot.es/1273349460/
http://www.blogodisea.com/2011/a-que-velocidad-se-desplaza-el-polo-norte-magnetico/preguntas-respuestas/
La tierra pierde el Norte, documental de la noche temática, en La2.
viernes, 2 de marzo de 2012
¿Qué es la epigenética?
Mario Fernández Fraga, responsable de la Unidad del Cáncer del Instituto Universitario Oncológico del Principado (IUOPA), lo define con este ejemplo para el público sin ningún conocimiento:
La secuencia de ADN es un texto sin espacios entre las palabras ni signos de puntuación. Sería un texto muy difícil de leer. La epigenética es ese mismo texto al que ya le hemos colocado los espacios entre las palabras y los signos de puntuación. El texto inicial sigue estando ahí pero las marcas epigenéticas facilitan la lectura.
La secuencia de ADN es un texto sin espacios entre las palabras ni signos de puntuación. Sería un texto muy difícil de leer. La epigenética es ese mismo texto al que ya le hemos colocado los espacios entre las palabras y los signos de puntuación. El texto inicial sigue estando ahí pero las marcas epigenéticas facilitan la lectura.
sábado, 21 de enero de 2012
¿Hay más violencia en el presente de la que hubo en otras épocas de la historia?
La respuesta es un NO rotundo. La evolución de la sociedad desde la prehistoria hasta la actualidad nos ha conducido a una sociedad con unas tasas de muertes violentas y asesinatos cada vez menores. Igualmente el porcentaje de muertos entre la población en las guerras ha disminuido.
Estamos caminando hacia una sociedad con indices de violencia menores y unos indices de altruismo mayores.
La idea de que el hombre es pacífico por naturaleza y corrompido por las instituciones de la sociedad es falso. En la prehistoria el hombre era de todo menos pacífico.
En las sociedades de cazadores y recolectores la violencia era brutal, existía una gran lucha por los recursos, sus guerras podían implicar un 60% de muertes de la población.
Con la agricultura/sedentarismo nacen los primeros estados. En ellos la probabilidad de morir asesinado se redujo. Los gobernantes intentaban limitar las luchas internas, los crímenes y las vendetas entre sus súbditos.
Normalmente lo hacían por motivos egoistas, subyacía la misma razón por la cual un ganadero no quiere peleas en su rebaño, esto le causaría enormes perdidas. Sin asesinatos entres sus súbditos, había más mano de obra disponible y más soldados para los ejércitos. Igualmente más súbditos implicaba más dinero recaudado con los impuestos.
Si bien se redujo el porcentaje de asesinatos hubo otros aspectos negativos en el nacimiento de los estados/ciudades. Se redujo la alimentación y el aparecieron nuevas enfermedades al convivir junto al ganado y junto a otras personas.
Cesaron las guerras trivales pero surge la violencia por parte del estado.
Se dice que la Segunda Guerra Mundial con 50-55 millones muertos ha sido la guerra más cruel, pero no es cierto. La caída el imperio romano o La invasión de Genghis Khan de Europa supusieron un porcentaje de muertes entre la población superior al de la 2ª G.M. En la actualidad la invasión del Gran Mogol hubiese supuesto la muerte de 278 millones de personas, casi toda la población de Europa.
Basado en el programa de Redes nº 101 - "El declive de la violencia" donde Eduard Punset entrevista a Steven Pinker
"Quienes consigan que creas en lo absurdo pueden conseguir que cometas atrocidades". Voltaire
Estamos caminando hacia una sociedad con indices de violencia menores y unos indices de altruismo mayores.
La idea de que el hombre es pacífico por naturaleza y corrompido por las instituciones de la sociedad es falso. En la prehistoria el hombre era de todo menos pacífico.
En las sociedades de cazadores y recolectores la violencia era brutal, existía una gran lucha por los recursos, sus guerras podían implicar un 60% de muertes de la población.
Con la agricultura/sedentarismo nacen los primeros estados. En ellos la probabilidad de morir asesinado se redujo. Los gobernantes intentaban limitar las luchas internas, los crímenes y las vendetas entre sus súbditos.
Normalmente lo hacían por motivos egoistas, subyacía la misma razón por la cual un ganadero no quiere peleas en su rebaño, esto le causaría enormes perdidas. Sin asesinatos entres sus súbditos, había más mano de obra disponible y más soldados para los ejércitos. Igualmente más súbditos implicaba más dinero recaudado con los impuestos.
Si bien se redujo el porcentaje de asesinatos hubo otros aspectos negativos en el nacimiento de los estados/ciudades. Se redujo la alimentación y el aparecieron nuevas enfermedades al convivir junto al ganado y junto a otras personas.
Cesaron las guerras trivales pero surge la violencia por parte del estado.
Se dice que la Segunda Guerra Mundial con 50-55 millones muertos ha sido la guerra más cruel, pero no es cierto. La caída el imperio romano o La invasión de Genghis Khan de Europa supusieron un porcentaje de muertes entre la población superior al de la 2ª G.M. En la actualidad la invasión del Gran Mogol hubiese supuesto la muerte de 278 millones de personas, casi toda la población de Europa.
Basado en el programa de Redes nº 101 - "El declive de la violencia" donde Eduard Punset entrevista a Steven Pinker
"Quienes consigan que creas en lo absurdo pueden conseguir que cometas atrocidades". Voltaire
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